Calor extremo en Buenos Aires: qué recaudos tomar y cómo evitar un golpe de calor

Calor extremo en Buenos Aires: qué recaudos tomar y cómo evitar un golpe de calor

El calor extremo puede representar un riesgo serio para la salud si no se toman las medidas adecuadas. Cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante varios días consecutivos, el cuerpo tiene más dificultad para regular su temperatura, aumentando el riesgo de deshidratación y golpe de calor.

El golpe de calor ocurre cuando el organismo no logra disipar el exceso de calor y la temperatura corporal se eleva peligrosamente. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran mareos, dolor de cabeza, confusión, náuseas, piel caliente y enrojecida, y en casos más severos, pérdida del conocimiento. Ante la presencia de estos signos, es fundamental actuar de inmediato y buscar atención médica.

Uno de los recaudos más importantes es mantener una hidratación constante. Beber agua de manera regular, incluso sin sentir sed, ayuda a compensar la pérdida de líquidos por sudoración. También se recomienda evitar el alcohol y las bebidas con cafeína, ya que favorecen la deshidratación.

Reducir la exposición al calor es otro punto clave. Permanecer en ambientes frescos o ventilados, utilizar ropa liviana y de colores claros, y evitar actividades físicas intensas durante las horas de mayor temperatura —generalmente entre las 10 y las 16— disminuye significativamente el riesgo.

La protección de la piel también juega un rol importante. El uso de protector solar de amplio espectro, sombreros y gafas ayuda a prevenir quemaduras y a reducir el impacto del sol directo. Mantener la piel limpia e hidratada contribuye a preservar su función de barrera.

Los grupos más vulnerables al calor extremo son los niños pequeños, las personas mayores, las embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas. En estos casos, los cuidados deben extremarse y la vigilancia ser constante.

Adoptar hábitos preventivos frente al calor extremo no es una exageración, sino una necesidad. Escuchar al cuerpo, bajar el ritmo y priorizar el autocuidado permite atravesar estas jornadas de altas temperaturas de manera más segura.

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Ola de calor en Buenos Aires: los consejos de los expertos para protegerse de las altas temperaturas

Ola de calor en Buenos Aires: los consejos de los expertos para protegerse de las altas temperaturas

Una ola de calor representa un riesgo real para la salud, especialmente cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante varios días consecutivos. En estos contextos, es fundamental adoptar medidas de cuidado para prevenir deshidratación, golpes de calor y complicaciones cutáneas y cardiovasculares.

Uno de los principales pilares de prevención es la hidratación constante. Beber agua de manera regular, incluso sin sensación de sed, ayuda a mantener el equilibrio térmico del cuerpo. También es recomendable evitar bebidas alcohólicas o con cafeína, ya que favorecen la deshidratación.

Otro aspecto clave es reducir la exposición al calor extremo, especialmente entre las 10 y las 16 horas. Permanecer en ambientes ventilados o climatizados, usar ropa liviana y de colores claros, y evitar la actividad física intensa durante los momentos de mayor temperatura puede marcar una gran diferencia.

La piel también se ve afectada durante una ola de calor. El sudor excesivo, la fricción y la exposición solar aumentan el riesgo de irritaciones, dermatitis y quemaduras. Por eso, es importante utilizar protector solar de amplio espectro, reaplicarlo correctamente y complementar con protección física como sombreros y gafas. Mantener la piel limpia e hidratada ayuda a preservar la barrera cutánea.

Las personas mayores, los niños, las embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas requieren especial atención. En estos grupos, los síntomas de un golpe de calor pueden aparecer más rápido y ser más severos. Ante signos como mareos, confusión, dolor de cabeza, piel caliente o pulso acelerado, es fundamental buscar asistencia médica inmediata.

Finalmente, adaptar los hábitos diarios durante una ola de calor no es una exageración, sino una medida preventiva esencial. Escuchar al cuerpo, bajar el ritmo y priorizar el cuidado personal permite atravesar estos episodios extremos con mayor seguridad.

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La fotoprotección oral: qué es, cómo actúa y qué dice hoy la dermatología

La fotoprotección oral: qué es, cómo actúa y qué dice hoy la dermatología

La fotoprotección oral se consolida como una estrategia complementaria en el cuidado integral de la piel. A diferencia del protector solar tópico, que actúa de forma externa, este enfoque trabaja desde el interior del organismo para reforzar las defensas naturales frente a la radiación solar y otras agresiones ambientales.

La piel está expuesta de manera constante no solo a los rayos ultravioleta, sino también a la luz azul de las pantallas, la contaminación y el estrés oxidativo. Estos factores generan inflamación, envejecimiento prematuro y daño celular acumulativo, incluso cuando se utiliza protección solar convencional de forma correcta. En este contexto, la fotoprotección oral surge como un refuerzo que acompaña y potencia las medidas tradicionales.

Los productos de fotoprotección oral suelen formularse con antioxidantes, extractos vegetales y vitaminas que colaboran en la neutralización de radicales libres y en la reparación del ADN celular. Al actuar de manera sistémica, ayudan a mejorar la respuesta inmunológica de la piel, aumentar su resistencia y favorecer una apariencia más uniforme y luminosa.

Uno de los beneficios más destacados de la fotoprotección oral es su facilidad de incorporación a la rutina diaria. Al presentarse en cápsulas o comprimidos, permite mantener una protección constante, incluso en zonas donde la aplicación tópica puede ser insuficiente o irregular. Esto resulta especialmente útil en personas con piel sensible, tendencia a manchas, antecedentes de daño solar o exposición prolongada al sol y a pantallas.

Es fundamental aclarar que la fotoprotección oral no reemplaza al protector solar tópico, sino que lo complementa. La base del cuidado sigue siendo el uso diario de protector de amplio espectro, junto con hábitos como evitar horarios de mayor radiación y utilizar protección física.

Integrar la fotoprotección oral al cuidado cotidiano refleja una mirada moderna de la dermatología, orientada a la prevención y al abordaje integral de la salud de la piel desde adentro hacia afuera.

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Dra. Leisa Molinari (M.N° 116.628): «El 100% de la gente que incorpora el protector solar como hábito ve cambios positivos»

Dra. Leisa Molinari (M.N° 116.628): «El 100% de la gente que incorpora el protector solar como hábito ve cambios positivos»

Incorporar el protector solar como hábito diario es uno de los cambios más efectivos para mejorar la salud y el aspecto de la piel. Cuando su uso deja de ser ocasional y se vuelve constante, los beneficios comienzan a notarse tanto a corto como a largo plazo.

La radiación solar actúa todos los días, incluso cuando el cielo está nublado o se permanece en interiores con luz natural. Los rayos UVA, responsables del envejecimiento prematuro y del daño celular acumulado, atraviesan nubes y vidrios, afectando la piel de manera silenciosa. Por eso, usar protector solar solo en verano o en la playa resulta insuficiente.

Quienes incorporan el protector solar como parte de su rutina diaria suelen notar mejoras en la textura, el tono y la luminosidad de la piel. La aparición de manchas se reduce, las líneas finas se atenúan con el tiempo y la piel mantiene una barrera cutánea más fuerte y equilibrada. Además, el uso constante ayuda a prevenir lesiones precancerosas y reduce significativamente el riesgo de cáncer de piel.

Otro aspecto clave es la constancia. No alcanza con aplicar una pequeña cantidad una vez al día: lo ideal es usar un protector de amplio espectro, con FPS adecuado al tipo de piel, y reaplicarlo cuando hay exposición prolongada. Integrarlo al ritual de la mañana, junto con la limpieza y la hidratación, facilita que se convierta en un hábito sostenido.

Además del impacto estético, el protector solar cumple una función preventiva fundamental. Es una herramienta accesible, simple y efectiva que protege el ADN de las células cutáneas y acompaña una visión de salud a largo plazo.

Convertir el protector solar en un hábito diario no es una moda, sino una decisión consciente que se traduce en cambios visibles y en una piel más sana con el paso del tiempo.

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Protección solar desde adentro: cuándo los comprimidos pueden sumar a tu rutina diaria

Protección solar desde adentro: cuándo los comprimidos pueden sumar a tu rutina diaria

La protección solar ya no se limita solo a lo tópico: hoy también puede reforzarse desde adentro. En los últimos años, los comprimidos de protección solar oral se incorporaron como un complemento a la rutina diaria, aportando un enfoque más integral para cuidar la piel frente a agresiones ambientales.

La piel está expuesta de manera constante a la radiación solar, la luz azul de pantallas, la contaminación y el estrés oxidativo. Estos factores generan inflamación y daño celular acumulado, incluso cuando se utiliza protector solar tópico de forma correcta. En este contexto, la protección solar desde adentro aparece como una estrategia complementaria que ayuda a fortalecer las defensas naturales de la piel.

Los comprimidos de fotoprotección suelen contener antioxidantes, vitaminas y extractos vegetales con capacidad de neutralizar radicales libres y colaborar en la reparación celular. Al actuar de manera sistémica, estos activos contribuyen a mejorar la resistencia de la piel, su hidratación y su capacidad de respuesta frente a la exposición diaria.

¿En qué casos pueden sumar a la rutina? Son especialmente útiles para personas con exposición solar frecuente, piel sensible, tendencia a manchas, antecedentes de daño solar o quienes pasan muchas horas frente a pantallas. También pueden ser un aliado en épocas de mayor radiación o durante viajes y actividades al aire libre.

Es importante aclarar que los comprimidos no reemplazan al protector solar tópico, sino que lo potencian. La base del cuidado sigue siendo el uso diario de protector de amplio espectro, reaplicado de forma adecuada, junto con hábitos como evitar horarios de mayor radiación y usar protección física.

Integrar protección solar desde adentro permite avanzar hacia una visión más moderna del cuidado de la piel, donde la prevención se construye combinando acciones externas e internas. Este enfoque favorece una piel más fuerte, equilibrada y preparada para enfrentar los desafíos cotidianos del ambiente.

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